jueves, 14 de enero de 2010

YO TENÍA UNA GRANJA EN ÁFRICA...






"Yo tenía una granja en África, a los pies de las colinas de Ngong. (...) durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del Sol. Las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas y las noches frías."

Así comienza la novela que inspiró mi película favorita hasta la fecha. Este es el sencillo comienzo del libro de Isak Dinesen (Karen Blixen) "Out of África", título que fue traducido, no sé por qué, como "Memorias de África". Es un libro extraordinario escrito con una distancia, una calidad y un tiempo narrativo maravillosos. Blixen vivió en África muchos años, efectivamente, hasta el fracaso de su granja de café y la muerte de su amante en un accidente de avión, y nos ofrece una visión particular y finamente europea de sus experiencias africanas.

Yo tenía 10 u 11 años cuando me llevaron al cine a ver esta película. Creo que fue entonces cuando me enamoré de Kenya. Desde que nací he estado ligada al continente negro, de una forma u otra; y desde muy pequeña Kenya está en mi vida, en mis recuerdos, en mis sueños y en el corazón de la gente que quiero. También en el mío.

La principal característica del paisaje y de tu vida en él, era el aire. Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. Lo habitual era que el cielo tuviera un color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas, siempre cambiantes, encumbradas y flotantes, pero también tenía un vigor azulado, y a corta distancia coloreaba con un azul intenso y fresco las cadenas de colinas y los bosques. A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra, como una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana. Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad vital y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: “Estoy donde debo estar”.

¿Es posible amar algo que no conocemos? En teoría lo que no conocemos debería sernos indiferente, no debería despertarnos ningún tipo de sentimiento...quizá curiosidad o tal vez temor, ya que siempre se ha dicho que tememos lo que no conocemos.

¿Qué me atrae de Kenya? Sus paisajes que parece que siempre están en movimiento, sus tribus, la sonoridad de sus dialectos, su forma de vida de ritmo lento e intenso, sus únicas, majestuosas y genuinas puestas de Sol, sus cánticos llenos de vida, sus niños son propietarios de una sonrisa capaz de salir por boca y ojos simultáneamente, sus contrastes, su carisma, su magnetismo, su fauna, sus colores...Quiero contemplar la Luna y Las Pléyades a orillas del lago Turkana; quiero ver saltar a guerreros masai sin que ellos sepan que los estoy observando; quiero asistir a una misa africana y emocionarme con sus cánticos; quiero ver nacer el día en un poblado de cualquiera de sus tribus; quiero ver cómo los nómadas trasladan su hogar cada cierto tiempo; quiero ver comenzar la estación de las lluvias; quiero entender con el corazón.
Porque para mí Kenya es más que tierra de masais, samburus, turkana o kykuyu, puestas de Sol que te dejan sin aliento, donde grandes felinos viven en libertad o el paraíso para el fotógrafo de impresionantes paisajes. Es mucho más.

El hecho de que no haya ido todavía me causa sentimientos encontrados; por un lado me apena no haber cumplido este sueño, y por otro esta tardanza hace que el deseo crezca día a día, año a año...y no sé si las lágrimas de la emoción el día que entre en el avión que me lleve allí me permitirán contemplar el cielo de África. Es algo así como desear tanto una cosa que cuando al fin llega a tí, la emoción te impide disfrutarla.

Siempre supe que el día que pise kenya, lo primero que haré es oler el aire y bañarme en su luz. Creo que ambos, su aire y su luz, son peculiares, o al menos llamarán mi atención. Del mismo modo que siempre he sabido que el día que vaya allí, una parte de mí habrá vuelto a casa; como cerrar una etapa que engloba varias sub-etapas y que a su vez será el inicio de otra.

Hoy he querido dejar este escrito aquí. En días como hoy es necesario hacer cosas así. Los sueños atenazan nuestro espíritu hasta tal punto que nos vemos casi obligados a abrir una válvula de escape para que no estallen en nuestro interior. Es cómo un acto de bondad por y para nosotros mismos.

Es bueno compartir nuestros sueños. Le dan a la vida el calor y el color que a veces olvidamos, y además nos ayuda a que no pierdan vida ya que cuando compartes algo, este algo pasa a existir en la mente de aquellos con quienes lo compartes.
Dedicado a:
A.F.M. Ella fue la primera "culpable" de mi amor a Kenya
Beatriz, Verónica y Carlos. De una forma u otra siempre estaréis conmigo, también cuando vaya allí.

viernes, 1 de enero de 2010

EXISTIR, VIVIR, VIAJAR

Playa de Castelldefels (Barcelona) Noviembre 2009

LOS ATARDECERES SON SIEMPRE HERMOSOS...SIN IMPORTAR DÓNDE ESTÉS

"Vivir es la cosa más rara del mundo. La mayoría de las personas existen, eso es todo" Óscar Wilde.

Un árbol, con sus raíces clavadas fuertemente en la tierra, existe.
Una flor, con toda su belleza, existe.

Hay muchas personas, que en su día a día, año a año, existen. Sin más. Y en el ocaso de la vida se dan cuenta de que no han vivido, tan sólo han existido.

Viajar, implica VIVIR. Vivir otras realidades que sólo podemos conocer in situ. Aunque las estrellas son las mismas en cualquier lugar del planeta, parece que brillan con más fuerza si las contemplamos desde la espesura de alguna selva, o en la soledad del desierto.

¿Es igual de radiante la sonrisa de los niños en todo el mundo? Supongo que si, quizá lo que cambia es la frecuencia de esas sonrisas, en función del lugar dónde vivan.

La búsqueda de los valores más sagrados para las personas (amistad, amor, confianza, respeto...) en lugares muy lejanos a nuestro hogar, puede tacharse de un "sin sentido" pero para mí, es muy gratificante comprobar que un abrazo sincero es idéntico aquí o en Estambul.

¿Por qué ésa necesidad de ver y conocer otros lugares? Para comprobar de primera mano que el Mundo no es cómo me habían contado; para comprobar que las personas estamos hechas en parte por nuestras circunstancias, y esas varían tanto como la latitud dónde nos encontremos.

Yo no tengo ninguna intención de pasar por MI vida de puntillas. Creo que la vida hay que VIVIRLA intensamente, cada uno a su manera, pero con pasión, porqué sin pasión parece como que nos estamos tomando un plato insípido.

El viajar puede ayudarte a crecer, porque te expones, sí: te expones a mil situaciones diversas, porque conoces personas todas diferentes pero más parecidas entre sí de lo que puede parecer. Es un contínuo ensayo-error. No es un ensayo general sobre tu vida...tu vida es TU OBRA.

Cuando emprendes un viaje te abres al Mundo, y a la vez, emprendes viaje hacia tu Ser..y ése es el gran reto que debemos superar: conocernos y darnos, cuánto más mejor, antes de emprender el último viaje.